DESAPRENDER

 

Desde el año 1975 la ONU oficializó el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer con el objetivo de visibilizar la necesidad imperiosa de validar derechos vulnerados que sufrían y sufren las mujeres a lo largo y ancho del planeta.

Desde inequidad salarial hasta ser vendidas como objetos son algunas de las injusticias que siguen sufriendo tantas mujeres hoy en día en diversas partes del mundo.

Mucho es lo que se podría decir pero quiero centrarme en el delicado tema de la violencia contra la mujer; tema que afecta gravemente a nuestra sociedad uruguaya y que, como una enfermedad silenciosa, manifiesta sus síntomas cuando ya es tarde para encontrar soluciones.

Queridos estudiantes, familias y funcionarios ¿qué es lo que puede estar a nuestro alcance para modificar esta realidad? ¿En qué podemos incidir para lograr un cambio de mentalidad? Les propongo aprender a “desaprender”, cambiar la “tarjeta de memoria”, “resetear” nuestro dispositivo mental y cambiar el “chip”. ¿A qué me refiero?

En la cultura del consumismo tan exacerbado en la que estamos, nos hemos acostumbrado a consumir todo y en todo momento. No sólo estamos consumiendo los recursos naturales y destruyendo el único hábitat que tenemos para vivir sino que el mercado nos da opciones infinitas de consumo; la tecnología contribuye a crear nuevos productos para consumir a cada segundo. Esto genera nuestro deseo de “poseer”, de “dominar” las cosas que están a nuestro alcance para “consumirlas” y utilizar todos sus beneficios. Cuando ya no tienen nada más para darnos las descartamos y sustituimos por otras cosas para consumir.

El hombre actual vive bajo este paradigma del consumo y del dominio de toda la realidad para poder utilizar todo a su beneficio y a beneficio de la “productividad” que es lo que guía, lamentablemente, el desarrollo técnico y la economía. Ya nadie se pregunta por el sentido o el para qué de un avance tecnológico o de determinado sistema económico sino de su rentabilidad y utilidad. La pregunta moral, es decir, preguntarnos por ejemplo si es moralmente lícito destinar millones de dólares mensuales a la industria cosmética o a la industria armamentística mientras muchos mueren por enfermedades perfectamente curables o por malnutrición no tiene sentido; esa pregunta, ya no tiene valor en nuestras sociedades.

El problema se agudiza cuando este paradigma del dominio y del consumo lo trasladamos a las relaciones humanas y nos vinculamos con las personas como si fuesen cosas que uno puede dominar, un objeto del que uno puede ser propietario con derechos sobre él y, consumirlo como uno quiera.

Muchos de nosotros consumimos personas, es decir, tenemos vínculos enfermos donde no nos importa el otro por lo que el otro es y vale en sí mismo sino que lo único que queremos es que esté a nuestro servicio cada vez que lo requerimos. Muchas veces consumimos esposas, parejas, amigos como si fuesen cosas que usamos cuando las necesitamos y cuando no, las descartamos como cosas. Terminamos sintiendo que tenemos derecho de propiedad sobre las personas porque estamos acostumbrados a comprar, consumir y desechar. Lamentablemente, en el tema que nos atañe, esto lo sufren las mujeres.

Yo no estoy tan seguro de que la raíz de este problema sea la cultura patriarcal en la que muchas generaciones se han educado; considero que si esta cultura patriarcal y machista se abandonara el problema persistiría pues es la forma enferma y utilitarista de vincularnos lo que ocasiona que uno sienta que tiene derecho de propiedad, de vida y de muerte sobre las personas. Esto sentían los nazis en Auschwitz cuando experimentaban científicamente con los judíos como si fuesen cosas y cuando planificaron sistemáticamente la muerte de miles de personas en las cámaras de gas. Eso sienten los que explotan a inmigrantes y venden esclavos en la actualidad.

Somos nosotros los que tenemos que “desaprender” conductas que nos hacen sentirnos dueños de la vida de los demás. Querer dominar el tiempo de mi pareja controlando dónde y con quién está y a qué hora vuelve, controlarle el celular a mi novia como si fuese una niña, prohibirle que hable con tal o cual persona, socavarle la autoestima, dominarla económicamente, ejercerle violencia verbal o física, etc. son conductas todas que, estoy convencido, tienen su germen en nuestro sentirnos dueños y señores, es decir, en nuestro permanente deseo de dominio.

Invito a todos los adultos a que eduquemos a nuestros jóvenes en la cultura del servicio y de los vínculos libres y no en la cultura del dominio y del consumismo pues esto último trae consecuencias nefastas. Invito a los padres a no reproducir en casa conductas machistas y desiguales que contribuyen a seguir sometiendo a la mujer.

También invito a todos nuestros estudiantes varones a que no caigan en querer dominar la vida de sus novias y a que estén atentos pues todo puede comenzar queriendo dominar el celular de una persona, luego su tiempo, luego sus vínculos y luego uno termina sintiéndose dueño de si dejarla vivir o morir sólo porque esa persona no quiera estar más con nosotros.

La cosmovisión cristiana más pura y genuina que está arraigada en la praxis de Jesús, es decir, en lo que Jesús hizo y dijo, es siempre liberadora. Jesús combatió a los que buscaban dominar y mostró que lo que más realiza al ser humano no es servirse de los demás sino servir a los demás. Pero esto implica cambiar nuestro chip de dominio por el chip del servicio liberador. Todos nosotros podemos hacer pequeños cambios que pueden contribuir a una sociedad más justa, equitativa y menos violenta para todos, especialmente para las mujeres a quienes recordamos hoy.

Todos podemos modificar en algo los ambientes en los que vivimos y los círculos sociales que integramos.

Elevemos una oración y recordemos hoy a todas las mujeres que en nuestro país han muerto y siguen muriendo porque un varón sintió que era el dueño de su vida. Busquemos el coraje de aprender a desaprender.

 

P. Lic. José Luis Gulpio sac

Director General

Padres Palotinos